Celta de Vino vs. La Lastra. Pab. Pedro Delgado. Domingo, 7 de febrero de 2012. 16:00 hs
Como se expuso en el comentario anterior este partido se presentaba, a priori, harto difícil. Nos enfrentábamos a los líderes actuales que habían ganado todos los encuentros y encima con la enfermería repleta y el banquillo bajo mínimos. Por contra, los rivales tenían muchos cambios y su aspecto juvenil hacía presagiar que íbamos a tener que correr mucho. Así comenzó el choque, con la idea de pasar un buen rato y que nuestro portero no tuviese que sacar muchos balones del interior de la portería hasta el medio del campo.
Con esa tranquilidad fueron transcurriendo los primeros compases. A los pocos minutos de juego, el Celta de Vino se adelantó en el marcador, con lo que los malos presagios parecían cumplirse. Sin embargo, La Guagua mantuvo una excelente y disciplinada defensa, unido a nuestro portero, hacía que los contrarios chocasen unas veces con la barrera defensiva y otras que resolviese prodigiosamente el cancerbero (Vaya tarde San Iker Ramos), hasta tal punto que el equipo local comenzó a desesperarse. Para más inri, antes de finalizar el primer tiempo, en un rápido contraataque, nuestro club consiguió el empate a uno, resultado con el que se llegó al descanso.
En la segunda mitad, La Guagua salió al campo con un espíritu nuevo y así, en los primeros minutos consiguió adelantarse con su segundo gol. Fue en ese momento cuando los amarillos comenzaron a creer en sus posibilidades y a pensar que esa tarde podría no traducirse en una derrota.
Los del Celta seguían chocando contra el muro defensivo y el portero, y además, ahora veían como no podían descuidar su portería porque los nuestros también creaban peligro.
Ante tanta ocasión, y a pesar de los paradones de nuestro portero, no tardó mucho en igualar el marcador, pero ahora ya estabamos con otra mentalidad completamente diferente que al principio del encuentro e ibamos a por los tres puntos.
Así, a escasos minutos de ese empate, La Guagua de nuevo se adelantó en el marcador y poco después, continuando con un derroche de pundonor (sudando la camiseta, vaya), logró el cuarto gol, finalizando el partido con un 4 a 2.
Nunca una victoria había parecido tan remota antes del pitido inicial, pero la increíble lucha mantenida durante los 50 minutos la hizo realidad. Maravilloso y trabajado encuentro y tres puntos que saben a gloria.
Como en semanas anteriores, se celebró el insustituible tercer tiempo con los consiguientes comentarios sobre la victoria y el partidazo desarrollado. En esta ocasión las cervezas estaban ganadas sobradamente.
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